CONFERENCIA DE BRUSELAS-DOCUMENTO

CONFERENCIA DE BRUSELAS

DOCUMENTO

La Alianza Progresista procura desarrollar una nueva agenda para la paz y la justicia. Necesitamos un sistema político y económico global progresista cuyo enfoque central sean los seres humanos. Los desafíos en el mundo de hoy son múltiples y en muchos países el estado de emergencia ya se ha convertido en una situación normal. Esto se nota, por ejemplo, en la crisis actual de refugiados y en la propagación del terrorismo global y del extremismo religioso. Por el otro lado, también hay avances positivos: ¡En ningún otro momento de la historia humana hubo un número tan alto de democracias en el planeta! En vista de que hay cada vez más países que se unen a la democracia y al mismo tiempo se enfrentan a desafíos como el aumento de terrorismo, extremismo y conflictos armados, como progresistas tenemos que ofrecer soluciones políticas que promuevan la cooperación en lugar del enfrentamiento, que apuesten por la diversidad y creen un clima de inclusión y de justicia social en un mundo cada vez más globalizado.

 

Los retos de los últimos años son fundamentalmente diferentes a los choques económicos de los decenios pasados. Esto se debe principalmente a la coincidencia de diversas crisis: el impacto de la crisis económica y financiera es exacerbado porque concurre con una amplia crisis ecológica y la ausencia de justicia social que una y otra vez vuelve a desembocar en violencia ilimitada, sea en forma de terrorismo o guerras civiles. Los modelos de desarrollo predominantes y sus patrones económicos y de consumo, así como sus regímenes culturales y sociales, se han agotado en muchos lugares.

Los objetivos centrales de una política progresista con un enfoque global son la prevención de conflictos y la creación y la conservación de la paz. Como fuerzas progresista queremos emplear nuestros medios y capacidades para fomentar la paz y el desarrollo. Tenemos que actuar más temprano y con mayor determinación y eficiencia. Nuestros principios de acción son el entendimiento y la solidaridad internacional, así como el desarrollo común y la seguridad a través de la cooperación. Estamos convencidos de que la ley de la selva debe ser restringida por la fuerza de la ley y la justicia.

  • Para alcanzar la paz en el mundo hay que reforzar intereses, alianzas y organizaciones comunes. Es por ello que abogamos por ampliar y reformar las Naciones Unidas como la fase suprema de un orden global. Las Naciones Unidas son el actor central en los esfuerzos por crear y mantener la paz. No sabemos cuándo ni dónde estallará la próxima crisis. Sin embargo, sabemos que cabe reforzar las capacidades de reacción y ampliar los instrumentos políticos para contrarrestar las crisis. Las personas que más sufren por la violencia en los conflictos armados son sobre todo las mujeres y los niños. Por eso, la prevención y la solución de conflictos debe incluir medidas para las mujeres y los niños, tal y como lo establece la Resolución 1325 de la ONU. Además de fortalecer las Naciones Unidas tenemos que considerar –donde sea necesario– el desarrollo de nuevas estructuras internacionales y regionales, por ejemplo, para contrariar el rearme desenfrenado o el continuo cambio climático provocado por el ser humano.
  • Sistemas constitucionales democráticos pueden hacer más que regímenes autoritarios para resistir las crecientes presiones de un mundo globalizado. Las democracias son más resistentes porque pueden regular conflictos de manera pacífica mediante la participación. El poder de la democracia está basado en su capacidad de innovación y su atractivo como modelo social que promete libertad, bienestar y el estado de derecho. Pero tenemos que promover activamente nuestros valores democráticos precisamente frente a los regímenes autoritarios.
  • El respeto de los derechos humanos es el fundamento para la dignidad humana, la paz y la justicia. En nuestro mundo de hoy que se encuentra inmerso en un proceso de transformación es importante seguir recalcando que los derechos humanos son universales e indivisibles. Si se trata de derechos civiles y políticos, como el derecho a la vida, la igualdad ante la ley y la libertad de expresión, o de derechos socioecomómicos, como el derecho al trabajo, la seguridad social y la educación, nosotros estamos unidos con los defensores de los derechos humanos y las personas que se han sido privadas de sus derechos humanos.
  • La paz es más que la ausencia de la guerra. Estamos convencidos de que una paz duradera únicamente es posible se logramos superar las causas estructurales de los conflictos como lo son el hambre, la pobreza y la desigualdad, pero también problemas como la evasión de impuestos y el extremismo radical. En el futuro, las luchas en el mundo serán determinadas principalmente por las disputas sobre las cuestiones sociales, destinadas a una distribución más justa entre países ricos y pobres; pero incluso más grave será la disputa sobre las abismales y crecientes diferencias sociales dentro de las sociedades. Sobre todo la falta de acceso de mucha gente a un puesto de trabajo productivo y digno y al sistema de seguridad social es un problema cada vez más acuciante. La desigualdad extrema, la desigualdad de género, la corrupción y la falta de oportunidades conducen a tensiones sociales que a su vez provocan resentimientos, empujan a la gente a huir de sus hogares y amenazan cada vez más la paz interna de muchos países.

La pregunta decisiva de nuestra época es si el siglo XXI traerá paz y justicia para todos y todas o si desembocará en luchas encarnizadas de distribución y violencia desenfrenada. Estamos convencidos de que la paz, el progreso sostenible y la justicia social son posibles en la era global. Y junto con la mayoría de la humanidad estamos dispuestos a llevar adelante la lucha política – ¡por una nueva agenda para la paz y la justicia!